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Somos humanos porque compartimos

¿Qué nos hace diferentes de los pulpos, de los elefantes o de los delfines.? [youtube width=”250″ height=”125″]http://youtu.be/u5sFxcxoy3Q[/youtube]

Hace unos días estaba tumbado por la noche, sin poder dormir, en un hotel de Bucarest y maté el tiempo viendo (sin sonido para no molestar) un reportaje sobre un estudio realizado por un zoólogo español. No he encontrado su referencia, (si alguien la tiene que me la pase), pero sí un curioso documento, sólo por asociación de ideas. Pulpo inventor de la rueda.

En ese documento quedaba patente con experimentos grabados, que los pulpos tienen una capacidad de aprendizaje fuera de toda duda. Les basta ver como un colega obtiene la comida para aprender el procedimiento. O incluso ver como el entrenador abre el bote con el cangrejo, para no dudar en el procedimiento cuando tiene el bote cerrado a su alcance. El caso es que si los pulpos aprenden tan bien en su ambiente, son tan creativos como el de ese ví­deo curioso o los delfines se comunican entre ellos sin problemas y los elefantes tiene una memoria (no es chisme) bastante buena y además resuelven problemas con facilidad( Elefante se las ingenia para conseguir la comida); ¿Qué narices es lo que nos diferencia a los humanos?

Cuando estudie filosofía ya nos enseñaron que los filósofos de la Grecia clásica (Platón y Aristóteles, al menos) opinaban que el hombre era un ser de naturaleza social y que la “Politeia“” le era de carácter privativo. Vamos, que somos los únicos que nos dedicamos a eso de la política como parte de nuestro “ser”. Pero actualmente la “Res – pública”, que dirían los romanos, también ha evolucionado y podríamos concluir que la diferencia fundamental que nos hace únicos como especie es la capacidad de “compartir conocimiento”. Hemos llegado a donde estamos gracias a la capacidad de comunicarnos con una finalidad superior a la de resolver los problemas diarios. Somos capaces de comunicarnos para crear “redes sociales” y hacerlas depositarias del conocimiento, la creatividad y la iniciativa como suma de los esfuerzos colectivos y algo más: Como muestra característica de la existencia del “grupo”.

La redes sociales han existido toda la vida y todos tenemos ejemplos de ello. Ahora lo que las hace tan “novedosas” y “poderosas” es que disponemos de una capacidad “tecnológica” de hacerlas presentes y efectivas de forma casi inmediata. En mi niñez había que esperar al verano para poderle contar al amigo, vecino de mi abuela, las aventuras que habíamos corrido durante el invierno.

Además la capacidad de comunicar conocimientos, experiencias, ideas, sueños, creaciones, etc, se extiende en el tiempo a través del propio grupo y en muchas ocasiones se convierte en elemento diferenciador y consustancial al propio grupo o “red social”; aún con la desaparición de los miembros individuales que dieron origen a esos conocimientos e ideas. El ejemplo más prosaico es el recetario de las comunidades o la tecnología que vamos heredando, sin tener que inventarlo todo en cada generación.

Así pues, me sumerjo en la reflexión de nuestro papel como especie que tiene la capacidad (parece que exclusiva) de compartir conocimientos y hacerlos extensivos a los miembros de nuestras “redes sociales” (entiendase en el sentido más amplio del término) y de perpetuarlos en el tiempo, si el filtro de las propias redes considera que son elementos de interés. Y si eso resulta apasionante, ya no veas el salto “inevitable” al mundo del aprendizaje. Todos sabemos que hemos aprendido mucho a través de lo que nos han enseñado nuestros colegas y de las experiencias del “grupo” . En muchos casos más que de la enseñanza reglada. Si la característica que nos hace únicos es esa capacidad de comunicación y aprendizaje en “red social”, ¿No es evidente que es ese, y no otro, el fundamento en que debemos de basar la educación?.

Me queda mucho por leer y me asalta la curiosidad, pero tengo en un rincón de mi cabeza el recuerdo de haber leido que cuando aprendemos algo “en grupo”, el grado de persistencia es mucho mayor que el de un aprendizaje en “solitario” y le veo todo el sentido. Pero es que además, creo que fue leyendo algo de John Bargh, entendí que el éxito en nuestra vida y nuestra felicidad está mucho más ligado al grupo de lo que creemos. La integración en nuestras “redes sociales” nos hace estar mejor, ser más felices, compartir más y aprender más y en definitiva nos posibilita para un mayor éxito social y personal.

La conclusión es muy sencilla desde mi punto de vista. Debemos enseñar a nuestros alumnos a ser más “miembros competentes de su red” que “individuos” . Ojo, no torzamos los términos. Para ser un buen miembro de la red habrá que cultivar la autoestima, la capacidad de autonomía, la responsabilidad, etc, etc, etc. Pero eso puede ser otra historia, para otro día.

Y para rematar y sólo porque me la ha sugerido esa reflexión; me queda una duda. ¿Cuántas “redes sociales de éxito” estaban formadas por miembros de un sólo sexo?. Yá sé que los pitagóricos sólo eran hombres, pero no creo que me sirva ese ejemplo para defender la separación de los sexos en las aulas. Aunque parece que a algunos sí que les vale.  Si vivimos integrados en redes sociales internacionales, multiculturales, interraciales… ¡Qué sentido tiene que cerremos las aulas al mundo y que las separemos por sexos?.

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