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La libertad de expresión

Es paradójico que en un estado democrático en el que los gobernantes son designados por un proceso electoral que está fundamentado en la libertad de pensamiento, ideología y agrupación de cada ciudadano, la libertad de expresión se vea coartada si supera la de emitir el voto en la fecha de las elecciones.Todos tenemos ideología, igual que todos tenemos sentimientos. Todos y cada uno de nosotros pensamos, sentimos y opinamos de formas más o menos diferentes en las muy diversas situaciones en que nos coloca la vida. Todos tenemos la capacidad de hacer expresión de nuestras opiniones y de manifestarlas en diferentes ámbitos y con alcances más o menos controlados por nosotros mismos o por nuestros círculos. Muchas veces he dicho aquella famosa frase de que “Somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras”. Esto nos lleva en muchas ocasiones a mantener en privado nuestras opiniones y a no querer comprometernos con posturas destacadas por miedo a que esa esclavitud nos haga sufrir la crítica ajena.

Cuando las opiniones personales entran en conflicto con las obligaciones y compromisos profesionales, lo más leal es decidir entre las prioridades y actuar en consecuencia, con lo que puede suponer de actuar con convencimiento y decisión en lo profesional, aunque personalmente se pueda no estar totalmente de acuerdo con las ideas que sustentan esos actos. La profesionalidad, en no pocas ocasiones, está apoyada en esa capacidad.

Cuando cada uno de nosotros actúa en el nivel personal, de forma explicita y manifiesta y pone sobre la mesa de la discusión o en la red, su “opinión”, está ejerciendo un derecho constitucional que está bien recogido en el artículo 20 de la nuestra.

“Artículo 20.

1. Se reconocen y protegen los derechos:

  1. A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.
  2. A la producción y creación literaria, artística, científica y técnica.
  3. A la libertad de cátedra.
  4. A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. La Ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto profesional en el ejercicio de estas libertades. “

El problema viene cuando algunos “poderes” se consideran con la suficiente autoridad como para justificar sus decisiones basándose en las “opiniones” de una persona, por encima de sus actitudes, capacidades, experiencia o méritos de un profesional; cuando en realidad ese no es un criterio ni real, ni legal para las mismas. Pero al fin y al cabo ese es su problema, porque quien está actuando mal son ellos y no quien ejerce sus derechos. Ya sé que eso es muy fácil decirlo cuando no peligra un puesto de trabajo, pero no por eso deja de ser cierto.

En los momentos actuales es más importante que nunca hacer ejercicio de todos y cada uno de nuestros “derechos”, al tiempo que cumplimos con nuestras “obligaciones”. Porque ambas cosas no sólo son posibles, sino que son el verdadero reflejo de una sociedad democrática, activa, comprometida y con posibilidad de desarrollo. Cuando todos nosotros estamos cumpliendo con nuestra obligaciones, lo que cabe esperar es que nuestros gobernantes cumplan con las suyas. Los votantes eligieron en base a unos programas electorales y a unas propuestas y promesas. Ése y no otro es el contrato que “deberían firmar” los políticos cuando se presentan a las elecciones (y es un hecho que no lo hacen). Puesto que ellos no cumplen con lo que prometieron, propusieron o presentaron como programa electoral, no pueden escudarse en los votos para argumentar sus decisiones, porque han perdido la legitimidad para hacerlo. Pero eso les da exactamente igual. Por eso es fundamental que todos (los que les votaron y los que nos les votamos) hagamos pública manifestación de nuestra opinión, de nuestra postura ante la situación actual y antes las decisiones que toman los gobernantes.

La libertad de expresión es “ahora más que nunca” algo más que un derecho, debe ser un compromiso para todos y cada uno de los que pensamos que se está actuando en contra de los intereses de los españoles, de los parados, de los jóvenes, de los emprendedores, de los estudiantes de hoy y adultos de mañana, de los enfermos, etc.

No podemos dejar de decir y defender nuestra opinión de que las políticas de recorte sólo terminan beneficiando a los especuladores. Que las barreras sociales se están acrecentando a pasos agigantados, que el futuro de nuestros hijos se está hipotecando como de ha hipotecado nuestras jubilaciones, nuestras pensiones, nuestra sanidad y nuestra educación. Tenemos que decirlo para que no se pueda alegar que nuestro silencio es sumiso y otorga legitimidad a estos gobernantes de mira estrecha y sólo dirigida a intentar tapar la boca de unos “mercados” que sólo buscan el enriquecimiento “inmoral” de 4 señores y que no es ilegal sólo porque quien puede hacer que deje de ser legal es parte del negocio y no le interesa para nada lo que le pase al pueblo. Esos señores, igual que los políticos de todo pelaje, pagan el mismo IVA en sus compras que los “pobres”, cada día más numerosos. Eso, que hace unos meses era la mayor de las injusticias para él, es ahora un arma del Sr Rajoy.

Seamos demócratas, manifestemos nuestras opiniones libremente, aunque les pese a quienes no quieren oí­rlo ni que pensemos y hagámonos oir por quienes dicen que nuestra opinión es sólo la que se recogió en un voto.

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