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¿En qué colores vemos el mundo?

Las innovaciones revolucionarias y con capa

cidad de cambiar las cosas siempre suponen un enfrentamiento con el status establecido y con aquellos que se encuentran acomodados en el mismo. Pleasantville

 

 

Como mi nuevo ordenador se ha negado a funcionar como debería y estoy cansado de perder el tiempo con él, me he permitido el noble arte de “ver la tele”. Y mira por dónde he coincidido con una película que me recomendó mi hijo y al que agradezco la recomendación. Se trata de “Pleasantville“.

Una historia interesante y llena de facetas y enfoques que permiterá muchos cineforums diferentes, en función del público y sus circunstancias. Se trata de la intromisión de dos hermanos (el y ella) en el mundo ficticio y “perfecto” de una serie televisiva en blanco y negro. La capacidad de expresar sentimientos, pasiones, y de salirse de la norma hace que el mundo en B/N se vaya transformando en un mundo en color para sorpresa de unos, disfrute de otros y el escándalo y represión de los “conservadores” que rechazan la imperfección que supone el cambio.

Me ha dado que pensar en varios aspectos distintos, pero al tiempo coincidentes en el sentido del “miedo al cambio”.  Por un lado, se podría aplicar a la actual situación económica a nivel europeo (ya resulta un tema obsesivo para casi todos). Quizá lo que nos está pasando es que no somos capaces de ver que el mundo de la economía en el que estamos, está regido por unas reglas que han dejado de ser perfectas y adecuadas para su persistencia. Se hace imprescindible un cambio en la forma de ver, mirar, valorar y presentar las cosas. Los que tienen las riendas serán los que se nieguen a salir de su estatus de comodidad, pero todos los demás deberán hacer valer sus derechos, sus posibilidades y su potencial para que la economía cambie de prioridades y de forma de ser gestionada. Como no soy economista, no veo los colores y aunque intuya ciertos matices de gris en todo este “asunto”, me siento incapaz de determinar cuál será la paleta que debe dominar el cambio.

Pero hay otro aspecto en el que veo mucho más claro el ejemplo de “Pleasanville”. Se trata de la aparición en nuestras vidas de las redes sociales, las potencialidades de la conectividad “universal” y sus usos como medio de gestión del conocimiento y el saber colectivo. Ya estamos asistiendo al miedo a este fenómeno y a la represión del mismo en diferentes paises y en diferentes formas. Pero al tiempo, no dejamos de ver como la mancha de “colores” no deja de extenderse y de hacer posible la expresión de acontecimientos, datos, fenómenos, expresiones y sabiduría, en fin. Los poderes establecidos pueden ( y lo hacen) poner trabas a la extensión de su uso y, sobre todo, a la materialización de sus potenciales en forma de nuevas formas de gestión de nuestras vidas. Pero estoy convencido de que ya no hay retorno posible y que la potencialidad de la red está ya lista para empezar a romper realidades que nos parecían inamovibles. Estoy seguro de que mi paleta de colores es todavía escasa para las posibilidades que presenta el medio, pero ya se adivinan efectos que pueden romper muchos status establecidos.

Al margen de la polémica de si estamos dispuestos a ser más o menos controlados (cosa que ya hacen mucho más de lo que nos gusta reconocer), está la posibilidad de disponer de nuestra información de una forma más eficaz que hasta ahora. No hablemos de la inmediatez, porque eso ya es un hecho. ¿Para que llevamos en el bolsillo un chip en el DNI, si luego resulta que necesitamos toda una cartera para otras “tarjetas”?. Toda esa información y mucha más cabría de sobras en ese único soporte y bien gestionado nos daría hasta más seguridad. Las redes sociales y las aplicaciones que damos en llamar Web 2.0, nos permiten tener al alcance un universo de medios de expresión, comunicación, conocimiento de lo que sucede y posibilidades de aprendizaje que sólo está empezando a dar frutos. Ya estoy valorando la posibilidad de hacer uso de algún curso universitario de los que existen en abierto en Internet; porque la Universidad ve la necesidad de depender de los alumnos presenciales para garantizar su pervivencia. Pero es que ya se ha reabierto el “melón” de la posibilidad de la educación de los menores fuera de las instituciones escolares, y no es ninguna tontería ni una aberración, si se piensa en determinadas realidades sociales y luego se analizan determinadas realidades escolares.

El problema como siempre es que vemos diferentes partes de la paleta y hasta que la realidad no se nos abre en su plenitud, no somos capaces de ver el paisaje. La revolución industrial cambió el mundo y la forma de gestionarlo, tanto como sus valores. La revolución “electromagnética” hizo otro tanto. Internet ha empezado poniendo en marcha un proceso que trascenderá con mucho lo que la web que conocemos ahora nos deja ver y adivinar del “cambio de colores” que se avecina. Nos queda el consuelo de que los que ahora empujan/mos la evolución somos los que hacemos posible que en el futuro haya una sociedad mejor. Seguro que sí, no hay que ser pesimista. Al final la sensatez y el tiempo pone las cosas en su sitio y los resultados finales son mejoras para todos (aunque haya que pasar por “túneles históricos” ).

Espero ver un mundo con “más colores todavía”.

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