> Escuela > El tamaño no importa

El tamaño no importa

Nuestra ínclita presidenta del gobierno de Aragón, Doña Luisa Fernanda Rudi, ha dicho en las Cortes de Aragón que “no siempre unos menores ratios mejoran el resultado en la Enseñanza”.  Eso no tendría la menor importancia si en realidad lo que estuviera aplicando la señora presidente y su consejera fuera el principio de que el tamaño “del grupos de alumnos” no importa.

De su afirmación a su política va un abismo, porque ella habla de que ese factor “no siempre” va asociado a la mejora en el rendimiento escolar. Pero eso supone que tenemos que tener otros muchos factores para poder valorar y obtener unos buenos resultados educativos. Pero NO quiere decir lo que en realidad transmite con esa afirmación, que no es otra cosa que: “Que aunque aumentemos la ratio no se afecta a la educación de los alumnos”. Y esto último es totalmente falso.

El tamaño, señora presidenta, sí que importa. Es cierto que no es el único elemento a tener en cuenta, pero por supuestísimo que es uno de los que más afecta al trabajo en un aula. Aunque usted no tenga ni la mas remota idea de qué es de lo que se está hablando. Ya no se trata sólo de la dedicación que exige al profesorado, porque al aumentar el número de alumnos se aumenta las horas que éste tiene que dedicar a preparación, corrección, atención personalizada, atención a padres, etc… Ya sabemos que eso no cuenta y que los docentes podemos con todo porque es nuestra vocación. Pasemos por ese aro, aunque sea un factor que terminará por pasar factura.

Lo más importante es que ese aumento disminuye de forma muy importante la atención que se puede prestar a los alumnos. Veámoslo des de el otro lado. Lo que disminuye es el tiempo que cada alumnos recibe de la atención de sus profesores como individuo particular y único; con todas sus peculiaridades y necesidades personales. ¿Eso no tiene efecto directo sobre los resultados educativos?.

Por supuesto que hay otro muchos factores. Pero se da la circunstancia de que ahora mismo están ustedes reduciendo en todos los demás factores que pudieran afectar a esos mismos resultados. Han  destruido una red de formación del profesorado que funcionaba, para sustituirla por un fantasma. Recortan los presupuestos y congelan programas.  Y por si fuera poco reducen la cantidad de profesores.. A ver, por favor, pensemos un poquito. Si se reducen los profesores y se aumentan las ratios, ¿No existe una doble actuación en cuanto a la presión que se hace sobre el acto lectivo?. Luego no estamos hablando de un único factor, estamos hablando de una concatenación de actuaciones.

¿Podemos entender que todo es consecuencia de una necesidad pasajera de ahorro?. Pues no señora, eso ya no se lo cree ni ella misma. (Aunque ella nunca se ha planteado tal inocencia).

Lo triste y lamentable de todo esto es que detrás hay una política clarísima. Si conseguimos aulas redil, llenas de borregos seleccionados, es más que posible que podamos concentrar masas cada vez mayores de alumnos y que podamos darles a digerir las consignas que nos interese que asimilen. Pero eso es algo que ya conocemos los viejos porque hemos estado en escuelas masificadas del franquismo y algunos hemos trabajado en la educación privada. Esa es la expectativa que nos presenta le ley Wert y que nuestra presidenta corre a refrendar, para que nos vayamos haciendo a la idea.

Mientras la educación de este país siga por estos caminos no llegaremos jamás a igualarnos a los que parece que deberían ser nuestros modelos; más bien nos acercamos cada día más a los paí­ses de los que provienen nuestros invitados, los que nos visitan en patera.

La vocación de miles de maestros y profesores nos empujarán a hacer todos los esfuerzos posibles para sacar adelante a nuestros alumnos, porque los apreciamos, los valoramos y queremos sacar lo mejor de cada uno de ellos. Pero sin arcilla no se hacen cántaros, así que no nuestra sociedad verá generaciones cada vez peor preparadas y con menos posibilidades de hacer frente a esa sociedad a la que nos empujan. Seguiremos luchando y dejando claro, a quien quiera oír, que este no es el camino; más que del abismo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *