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Día de las Fuerzas Armadas

Mañana se celebra en España el día de las Fuerzas Armadas y da la casualidad de que este año coincide con una situación social, económica y política que me lleva a pensar en lo que hemos cambiado en los últimos 50 años. Es que uno ya empieza a ser viejo y “cebolleta”.

Los que me conozcan sabrán que yo no puedo ser imparcial en mis opiniones. Hijo de militar de aviación, que no es lo mismo que serlo de otros cuerpos; y residente durante años, en viviendas y colonias del Patronato; pero no obstante creo que por eso mismo, mi punto de vista puede tener un cariz ligeramente distinto. Hace un montón de años que yo tomé la decisión de no formar parte de nuestro glorioso ejército por la actitud déspota, autoritaria, abusiva y delictiva de algún oficial jefe “de cuyo nombre no quiero acordarme”. Eran tiempo de un ejercito “franquista” que desconocía la democracia y venía de “ganar una guerra”. La sola idea de poder llegar a convertirse en alguien como aquel “personaje” de terror, me puso los pelos de punta y me hizo renunciar a una vocación incipiente; de lo que nunca me he arrepentido, dicho sea de paso.

Pero los años han paso y el ejercito ha cambiado, mucho; pero mucho, mucho. Seguirá habiendo autoridad y autoritarios (como en todos los barrios) pero la generalidad es muy otra.  La capacidad de cambio de nuestros militares ha sido quizá uno de los factores más influyentes en nuestra transición y personajes como Gutiérrez Mellado o Armada, el mismo día y en lugares distintos, nos han hecho valorar lo que es un ejercito del pueblo, y al servicio de la nación. No es de extrañar que en las encuestas del CIS saliera no hace mucho (no recuerdo cuanto), que el ejército era la institución mejor valorada de este país. Y es que los españolitos de a pié saben valorar las cosas más de lo que los políticos se creen, aunque la mentalidad popular siga siendo la de que no valemos lo que otros pueblos.

¿Se han fijado ustedes en que los ciudadanos acuden a cada desfile o día de puertas abiertas a “disfrutar” y aplaudir a raudales a nuestros militares, después de “pitarles” a los políticos?. ¿No será que la capacidad de cambio, de asumir las nuevas responsabilidades y de atender a las demandas de las sociedad da buenos resultados?. Y además, dentro y fuera de España. Porque, aunque a mucha gente le parezca un gasto inútil, habría que preguntar a muchos bosnios, kosobares, afganos, libaneses… lo que opinan de nuestros soldados y de su trabajo en sus países.

¿Cuántos escándalos han provocado nuestras tropas?. Y a cambio, ¿Cuántos pueblos han ayudado a reconstruir y levantar tras una confrontación bélica?. Y la verdad es que podrían haberse hecho públicas más de sus magníficas actuaciones que todos hubiésemos sabido valorar y se han quedado en los informes oficiales y el reconocimiento de méritos “sólo” militares. Y por contra, “otros” son cada vez más sordos y nos llegan los periódicos y los noticieros de escándalos, corruptelas, desafueros, mal gobierno y peor gestión. Al final vamos tener que buscar un general con experiencia en mando para que ponga orden y les enseñe a todos cómo se trabaja en equipo, “sin dejar a nadie detrás”, cómo se organizan las estrategias para que todos cumplan con “su deber” y cómo se hace la logística para que todo funcione como debe funcionar “y sin pérdidas”. O eso, o contratamos a Vicente del Bosque para que les haga coordinarse como un equipo. Lo malo es que los militares cobran muy poco para lo que hacen y los futbolistas una barbaridad. Así que mejor dejamos la opción “futbolera”, no les vaya a entrar la envidia y terminemos más endeudados todavía. Dejémoslo ahí, que para chiste ya vale, y “no está el horno para bollos”.

En definitiva, que Felicidades en su día a todos los componentes de nuestras Fuerzas Armadas que cumplen con las misiones que se les encomiendan, que hacen honor a su deber sin colocarse medallas públicas, más que las justas, y que saben adaptarse a los tiempos y atender a lo que un pueblo, del que nacen y “al que sirven”, les demanda y les sabe agradecer. Y si alguno no entra en esos parámetros “que Dios se lo reclame” como se dice al jurar bandera. Y a los que no reconocen esa labor, pues nada: ojalá tengan la oportunidad de conocer de cerca, algún día, a las personas que forman nuestros ejercitos y su trabajo. Seguro que cambiaban de opinión.

Un artículo granadino

 

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