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¿Deberes o Tareas Escolares?

      El tan traído y llevado tema de los deberes escolares y la repercusión que está teniendo en los medios me parece una de tantas cortinas de humo que se extienden a nuestro alrededor para no dejarnos ver lo que de verdad importa. Estoy de acuerdo en que es un elemento que llega casi visceralmente a las familias y que mueve muchas inquietudes. Pero también es cierto que las mueve en todas las direcciones, por la simple y llana razón de que no existe, ni ha existido, ni existirá; un único criterio y una única forma de enfocar el problema y sus muy diversas realidades. Me atrevo a decir que tan diversas como alumnos. Y no he dicho como maestros o profesores, sino como alumnos o alumnas. El primer problema de esta encarnizada discusión, en algunos medios, es lo que se entiende en cada caso por “deberes” y eso no lo he oído aclarar en ningún momento. Porque no es lo mismo, en absoluto, unas tareas que se le encarguen a un alumno de primero de Primaria, que las que lleve uno de primero de ESO o de primero de bachillerato.

      Quiero empezar aclarando que mi apreciación de que se trata de una cortina de humo, se debe a que tenemos muchos, y mucho más graves, temas pendientes en educación que “los deberes”. ¿Por qué no se está reivindicando otros temas como:?.

  • El propio currículum y su adecuación a la realidad. O la progresión del desarrollo de los temas en ese currículum (no olvidemos que parte es obligatoria “por ley”).
  • La ratio en las aulas. Porque afecta muchísimo más la cantidad de alumnos que tienes y si los puedes atender más o menos. Y a lo mejor ocasiona parte de la generación de “deberes”.
  • El cambio metodológico impulsado por los diferentes estamentos que tienen capacidad para hacerlo y que no se sientan jamás a alcanzar unos mínimos para promover su evolución.
  • La constante variabilidad de la normativa educativa. La mayor lacra de la Educación en este país en toda su historia y que no vemos camino de que se despeje.
  • La flexibilización de los horarios, los espacios, los agrupamientos y todas las variables que influyen en la gestión de las tareas en el aula.
  • La formación del profesorado, tanto la inicial como la permanente, para impulsar la extensión de nuevas metodologías.
  • La estabilidad del profesorado integrado en los proyectos que hacen cambiar, no sólo las aulas, sino los centros al completo y a las comunidades escolares en sí mismas.
  • El papel de la administración como “dinamizador” de un cambio de rumbo y promotor de la innovación en las aulas.
  • El papel de la Comunidad Educativa (no sólo los maestros o profesores) en la creación de un proyecto común que orienta y dirige los esfuerzos formativos; para poder escapar de las tareas meramente instructivas.

      Lo dejo aquí pero podríamos seguir.

      Los deberes no son más que una de las múltiples consecuencias de un estancamiento metodológico que se ha quedado anquilosado en el libro de texto. Otro de los grandes errores y que no se pone en tela de juicio, no entiendo porqué, aunque sé que no interesa.

      Pero puesto que la cortina de humo está echada, voy a intentar exponer cómo la veo yo. Téngase en cuenta que soy docente “retirado” y por tanto “viejo”. Que me formé con la Primaria que sólo llegaba a los 9 años y que para llegar a primero de bachillerato elemental en el instituto, con 10 años, tuve que pasar una revalida con tribunal examinador para el oral y varios exámenes por materias y que he vivido varias reformas educativas, como alumno y como docente.

      Los “deberes” son una simple consecuencia de la metodología que se usa en el aula y su existencia no puede ser medida, bajo ningún concepto, en horas de trabajo en casa. Ese es el primer error. Hay que plantearse otros factores mucho más importantes. Empecemos por los docentes. ¿Qué es lo que se pretende alcanzar con esos deberes?. Sí que entiendo que es absurdo bombardear de tareas repetitivas que sólo buscan “repetir” lo que es posible que ya se sepa o, en algunos casos, lo que no es necesario saber. Pero, ¿se busca desarrollar alguna capacidad, habilidad, destreza, competencia?. Porque no me dirá nadie que la destreza en el manejo del teclado es algo superfluo hoy en día y que eso se puede adquirir en el aula, sin más. Yo creo que es una “tarea vital” que tiene una utilidad para todos. Pero lo mismo pasa con: la consulta de datos, la gestión y organización de información, la planificación de tareas, la distribución del tiempo, la adquisición de conceptos complejos y abstractos, la lectura comprensiva a un nivel lo más alto posible, el placer de la lectura, la capacidad de expresión oral y escrita, una capacidad aceptable de cálculo mental, ¿seguimos? …

      La cuestión verdaderamente problemática es cómo dosificamos la progresión en el dominio de esas competencias, capacidades, destrezas o llamadlo como queráis, y cómo facilitamos su adquisición. Y eso no es posible sólo con el trabajo de aula. En casa habrá que leer y escribir y no sólo en un cuaderno de rellenar huecos. Yo entiendo que no es comprensible que un alumno de los primeros cursos de primaria se pase las tardes haciendo tareas repetitivas. Será infinitamente mejor que aprenda a leer a una buena velocidad y con una compresión óptima y que además adquiera el placer por la lectura. Eso ya sería, desde mi punto de vista, el éxito deseado. No necesita “saber” más, porque los conocimientos los estará adquiriendo en todos y cada uno de los momentos en que interrelaciona con su entorno, sus compañeros y sus recursos.

      Pero la organización de los tiempos de trabajo, el “estudio” de los conocimientos “no inmediatos”, responsabilizarse del cumplimiento de ciertas tareas, el respeto por los plazos, la elaboración de materiales con calidad y respetando normas de presentación… Esos ya son aspectos que un alumno de primaria debería de dominar. Y eso tampoco se entrena “sólo” en el aula.

      Y cuando tocamos secundaria nos encontramos con el ascenso por una escalera que nos debería llevar, año a año, curso a curso, y tema a tema a una capacidad de trabajo que nos permita enfrentarnos, de forma completamente autónoma, responsable y capaz a la realidad universitaria, la FP o la vida laboral; que no exige menos capacidad de organización y responsabilidad (en algunos casos exige más). ¿De verdad alguien puede defender que se puede alcanzar el éxito en cualquier estudio, sin tener un entrenamiento adecuado y “progresivo”?  El problema no está tanto en si hay o no hay tareas. Sino en el “objetivo” que persiguen esas tareas y si responden a las necesidades y capacidades de los alumnos. No voy a negar que la cantidad tiene que ser ajustada. Pero mi experiencia me dice que, al menos en secundaria y antes en tercer ciclo de EGB, los alumnos mismo te indican cuando se van saturando.

      El estudio es una tarea que exige la aplicación de diferentes técnicas, en las que tenemos que entrenar a nuestros alumnos y ese entrenamiento lo tiene que iniciar con sus docentes y recibir las claves adecuadas. Pero tiene que ejercitarlo en la soledad de su espacio personal y en el núcleo del grupo de trabajo. Y luego está el desarrollo de las capacidades intelectuales. Si sólo mandamos tareas de rellenar con parte del texto que hay unos párrafos atrás; ¿qué es lo que estamos desarrollando?. El problema no es que se me manden hacer los ejercicios 18 a 36. Sino que esos ejercicios no le sirvan para mucho. Luego, las tareas deberían de ser otras. No dejar de existir, ojo. En eso es en lo que más ha intervenido la nefasta influencia del libro de texto como la “biblia” de clase. Y mira que llevamos décadas y casi un siglo ya haciendo este alegato.

      Aquí surge otra cuestión que es muy peleada y muy complicada al principio. A los padres hay que explicarles lo más claro posible, porque no son profesionales de la educación, cuáles son nuestros objetivos y nuestra metodología. Si somos capaces de hacerles entender el porqué de las tareas y de los proyectos y les hacemos partícipes de nuestras metodologías; seguro que se ponen de nuestro lado. Pero tienen que conocer para poder confiar. Y tenemos que abrirnos nosotros, al tiempo que abrimos el aula, para que si necesitan confirmarse en esa fiabilidad, estemos allí para explicar lo que haga falta.

      Desde el punto de vista del alumno hemos de ser conscientes de lo que pretendemos desarrollar. ¿Queremos individuos con criterio, y por tanto críticos, con responsabilidad, con conocimientos y con capacidad de expresar sus ideas?. Pues tendremos hacer que se desarrollen esas capacidades o competencias. Hay que entrenar a los alumnos en una progresión, que no siempre se aplica con lógica, en la adquisición de todas ellas. Un chico o chica que llega a secundaria debería ser capaz de organizarse él sólo el horario de trabajo en el centro y en casa, cumplir con los plazos de presentación de tareas, tener unos materiales limpios, ordenados y legibles. Eso afecta a su responsabilidad personal y a la gestión de sus propios recursos. Eso no se aprende “solo” yendo a clase, prestando mucha atención y prendiéndolo todo. Es una cuestión de hábitos y actitudes ante sus “tareas” y sus “deberes”. Luego, ya llegará la necesidad de organizarse los tiempos de estudio de forma más rigurosa, de establecerse las pausas y las agendas para no llegar al día de antes del examen con los contenidos sin mirar. También la necesidad de organizarse los tiempos de elaboración de proyectos con los compañeros; en los que “todos” somos responsables del resultado final, que a “todos” afecta. ¿Eso no son “deberes” muy importantes?.

      Yo he tenido alumnos de secundaria a los que les costaba hacer las tareas un tiempo escandaloso. El problema era su capacidad de concentración y de organización del tiempo. Sus compañeros podían jugar al fútbol y salir con la peña y ellos estaban atados al duro banco de los “deberes”. Lo importante ahí no son los deberes, sino trabajar las habilidades y las capacidades del alumno para enfrentarse a las tareas; estas y las futuras. En los trabajos también hay que ser capaz de organizarse y responder. ¿O no lo hemos visto mil veces tras la barra de un bar o en cualquier otro trabajo en que hay momentos de presión?. La solución “nunca” es pasar muchas horas delante del libro y el cuaderno. Si hay que parar para descansar y salir con los amigos y desarrollar otras facetas de la vida, se para, se sale y se hacen otras cosas. Y, cuando sea preciso, se dan explicaciones y se buscan herramientas para mejorar. Lo que no se puede pretender de forma tan chabacana y manipuladora es que las tareas escolares impiden “las cenas en familia”. ¿Pero de qué estamos hablando señores?.

      Yo alucino cuando veo que alumnos de la ESO no se hacen la cama, no se preparan la ropa cada mañana, no saben lo que hay en la cesta de la compra de su casa, ni el valor que tiene. ¿Eso no son tampoco sus “deberes”?. Porque parece que la familia tampoco es un equipo de trabajo en el que haya que entrenarse en ser responsable. ¿Y ahora resulta que no cenamos juntos por “los deberes”?

      Y para finalizar, y no por ello menos importante, el papel de los padres. Hace pocos días me enteré “parcialmente” del movimiento de las “malas madres” y me pareció una idea “necesaria”. Perdonadme, pero ¿Qué es eso de que mañana “tenemos” un examen?. El examen, el desarrollo de un trabajo de investigación, la ejecución de un proyecto colaborativo, la resolución de problemas que no se ven a la primera, y a lo mejor tampoco a la segunda, es tarea del alumno. Es el alumno el que se está entrenando y tiene que poner en juego sus capacidades intelectuales y sus habilidades en todos los terrenos. Preguntar a los compañeros, juntarse para intentar resolver los problemas y hacer los trabajos, sí que es una estrategia loable y válida. Los intervinientes son compañeros que han recibido la misma información y que juegan con las mismas cartas y entre los cuales no hay lazos de dependencia; o no muy sólidos, al menos. Que sean los padres los encargados de eso genera una tendencia a descargar en espaldas ajenas las responsabilidades del alumno. Y eso es un grave error. En el curso de 1º de bachillerato, con mis 10 años y con traslado de matrícula de la península ibérica a Canarias, me matriculé yo solito porque ya empezaba bachillerato. Mi padre no necesitó pisar el instituto para nada, salvo recibir la información pertinente de mi rendimiento. ¿No nos estamos pasando con eso de que lo tengan todo hecho?.

      Para concluir. Creo que el tema de las tareas a desarrollar por un alumno fuera del aula es una cuestión completamente distinta a la de “los deberes” tal y como se ha planteado. No se trata de confrontar la vida familiar con los deberes. Se debería tratar de analizar con profesionalidad y profundidad cuáles son los tipos de tareas que ayudan al desarrollo de todas las competencias, habilidades, capacidades o llámalas “x”, que un individuo de hoy en día necesita. Y eso no se hace “sólo” en el aula y con “los deberes para casa”. ¿Y las bibliotecas, los parques, los polideportivos, las visitas a exposiciones, las excursiones, el laboratorio…?.  El desarrollo de las personas tiene lugar a lo largo de todas sus horas y las tareas escolares deberían, no sólo permitir, sino incluso “fomentar” el intercambio, el encuentro con los demás, la consulta de diversas fuentes, la reflexión, el análisis, la expresión, la comunicación y el desarrollo de un “yo” en proceso de construcción. Entiendo que si hay docentes que se dedican a poner tareas “repetitivas” en exceso, haya padres y alumnos que se lo hagan ver y hasta que protesten, si es preciso. ¿Pero montar una campaña a nivel mediático y con convocatorias de huelgas contra una parte del trabajo del alumno? ¿Por qué no se ha montado una huelga para que los docentes no preparen clases, ni corrijan los exámenes, en casa?. Porque ellos también cenan en familia. Me gustaría conocer los datos del seguimiento de esa huelga en los centros educativos en los que existe un Plan o un Proyecto consensuado por la Comunidad Educativa y en los que la metodología y los proyectos son conocidos y consensuados.

      Creo que nos falta sensatez y seriedad en la forma de afrontar estos temas y le hacemos un flaco favor a la Educación. No me voy a extender más con otros ángulos de visión de esta misma discusión. No quiero pensar en la existencia de intereses en este montaje (o no voy a exponerlo aquí y ahora). Aunque sé que hay gente implicada muy competente, la forma de polemizar y desviar el debate no apunta a nada constructivo.

      No desvirtuemos las palabra y démosle al término “deber” todo el valor que tiene y pensemos que las “tareas escolares” tiene su sentido y son necesarias. Lo que hay que discutir es qué modelo de Educación debemos construir para que el alumno se desarrolle de forma lo más plena posible. Eso incluirá una modificación radical de la concepción de esas “tareas”.

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