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Café

Posted on 12/06/2012 | No hay comentarios en Café

Un breve texto sobre el café, que papá escribió sobre su gusto del mismo.Hace mucho tiempo que vengo sintiéndome como aureolado por un sentimiento de cafetero, no del que produce café en un país tropical, sino del que lo toma en un país Mediterráneo que antes se llamaba España. Todo el mundo, o casi todo, ha dicho muchas veces que hago buen café; por lo menos  a mí me gusta, aunque lo tomo siempre natural, por lo que aquella famosa frase definitoria del buen café; casi, casi un acróstico que dice:
Caliente
Amargo
Fuerte
Espeso,  no es para mí , doctrina a seguir.

Ahora resulta que duermo poco por las noches, aunque “me duermo los telediarios la mar de a gusto”, lo que me a hecho pensar en que quizá tomo mucho café y estoy experimentando a ver si duermo los días que no lo tomo más que los que no lo “libo” o si sería mejor que lo tomara descafeinado . ¡¡¡UFF!!!

Muchas veces he dicho que en lugar de poner azúcar en el café, lo que yo hago es ponerle café al azúcar. Pues hoy me entero de que según dicen que dijo Talleyrand, debe ser:
Caliente como el Infierno
Negro como el diablo
Puro como un ángel y
Dulce como el amor.

M.F.G. Escrito en Alicante el 30 de noviembre de 1993.

 

Añadido mio.

Eso de que le echaba el café al azucar, era algo que repetía tantas veces, que una vez en la cantina del escuadrón en Zaragoza, cuando le pidió un café al camarero; éste se acercó todo decididó y le dijo “aquí tiene SU CAFÉ mi Teniente”, al tiempo que le plantaba un azucarero delante y vertía en él, el contenido de una taza de café. Esto da medida del ambiente “relajado” con el que se movían, en ciertas épocas, en las unidades de mantenimiento del ejercito; dónde el trato era mucho más el de un grupo de “colegas” trabajando por el buen funcionamiento de las cosas, que el de una unidad militar preocupada por la disciplina.

A ese respecto, recuerdo otra anécdota similar de mi hermano, en la época en que era Sargento de las COEs (Cuerpo de Operaciones Especiales o lo que bulgarmente se llamaba , los boinas verdes). Sús gustos erán más refrescantes, pero cuando la situación era propicia y tenía un grupo de guerrilleros más o menos “impresionables”, le pedía al camarero “Un wiski de los mios”. A lo que el camarero respondía cogiendo la botella de wiski del aparador, preparando un vaso de tubo con unos hielos y llenando el vaso hasta arriba.

Lo que los soldados no veían es que el vaso lo llenaba en la parte baja del mostrador y en realidad lo que echaba era Nestea, que tiene un color casi idéntico; con lo que la impresión de los soldados era la de que el Sargento, que a continuación les iba  a dar una paliza de “cuerpos a tierra” o de correr lo iba a hacer con el handicap de un palmero de wiski. Está claro que eso servía para poco tiempo, porque enseguida de descubría el truco del sargento, y luego servía de motivo de chanza y buen humor.

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