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30 años después

Este año 2017 me han encargado hacer el Pregón de Fiestas de Mazaleón. Ha sido la tarde/noche del 24 de agosto

Eso ha supuesto la necesidad de darle un repaso a los recuerdos de hace entre 33 y 29 años y revivir muchas de aquellas experiencias y anécdotas y las caras de mis alumnos y alumnas de aquellos momentos.

El compromiso de hacer el pregón a su gusto y el de sus coetáneos me abrumaba, pero ya ha tenido lugar el acto de presentación de reinas y “lecturas” de ese pregón y vuelvo absolutamente emocionado, ilusionado y compensado de todo lo que pudiera trabajar entonces e incluso después. La lectura me emocionó, no lo puedo negar, porque ellos lo notaron tanto o más que yo; y dejó de ser “lectura” para convertirse en narración en los primeros segundos. Y cuando terminé, con todos los nervios que antes no había tenido, se me vino un mundo emociones encima en forma de : alumnos, padres. amigos, conocidos y vecinos de Mazaleón a los que había emocionado y traído recuerdos de aquellos años. El cúmulo de saludos, abrazos, besos, parabienes y felicitaciones ha sido tan grande que se siente uno con la mayor felicidad posible: la de ver reconocido tu trabajo y tus aprecios y cariños con más aprecio y cariño.

Hasta personas a las que pensabas que podía no gustarles algunos matices, me mostraron su agrado y alabaron los términos de la exposición, así que más encantado todavía. Hay valoraciones que a uno le aumentan la satisfacción y eso ha sucedido en este caso.

Además hemos tenido la suerte de tener un poquito más de contacto con nuestra “familia” de Mazaleón, los Falgas Lacueva con los que tantos aprecios y afectos nos unen.

Han sido un par de días de ensueño, de flotar en el aire conversando con ellos y ellas y viendo cómo los años los han hecho adultos, padres y madres de familia con un futuro labrado a base de esfuerzos y de saber hacer y que cada uno en su mudo y su ámbito ha crecido y es feliz y le va bien. ¿Qué mayor felicidad?. Los recuerdos de anécdotas y chismes no han faltado y hasta me han refrescado cosas que yo ya había olvidado y ellos no. Haber sido importante y significativo en sus vidas, es una responsabilidad que siempre tienes que asumir en la profesión docente, pero que esa influencia sea valorada positivamente es el mayor orgullo que existe para un maestro.

Desde estas líneas quiero reiterar mi más profunda gratitud a todos y todas las que habéis hecho posible ese reencuentro e insistir en que contáis conmigo para lo que sea menester.

Nota: No he querido poner nombres porque no he pedido permiso para ello y quiero ser muy respetuoso con su privacidad.

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